Reconocer que la intervención de Estados Unidos en Venezuela responde a una lógica colonial no implica, en absoluto, negar el dolor, el sufrimiento, los asesinatos ni las violencias producidas por el régimen de Maduro, y en ningún caso invalida el sentimiento devenido tras la “aparente eliminación” del régimen.
Tampoco supone defender su continuidad en el poder. Hacer esa lectura limita y bloquea el análisis y lo reduce a una posición que, lejos de justificar un régimen autoritario, intenta complejizar una realidad atravesada por relaciones históricas profundamente desiguales entre Abya Yala y Estados Unidos.
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